sábado, 8 de marzo de 2014

No es derrota, en absoluto.

Mirada perdida en ninguna parte de mi retina,
frío, miedo, temblor inexplicable.
A pesar del sol no entro en calor y, herida,
te suelto de la mano para que bailes.

Para que bailes con otra mano más dulce,
más tierna, más suave.
Para que seáis plumas al viento y rodéis
y yo sepa apreciaros desde abajo.

Abajo, aquí, en el mundo real,
donde los mortales nos preguntamos qué nos falta
para alcanzar la perfección innata que posee el ideal
de tus risas desenlatadas e insostenibles.

Insostenible como un Fa en las cuerdas
que me mantienen como un títere sin venganza,
que se mueve por conducta autómata
sin pensar para no agravarlo más.

Mas, ¿cómo es posible estar
en un aura de felicidad
cuando ni siquiera tu presencia
comparte esa dicha olímpica?

El corazón no entiende de palabras,
son tan sólo impulsos,
tic tacs, entrecortes y golpes a pleno pulmón.
De ahí que no distinga amistad, qué se yo, cinismo,
incredulidad, amor, ruptura, ''descostura'',
y me haga feliz tan sólo por ver
a dos partes de mí
viviendo como una sola.

Aquí es donde, por conveniencia y amor puro,
os dejo mi corazón para que lo conozcáis a fondo.
Ahí está, atentos, abierto de par en par.
Diseccionad, reid, llorad, impostarle cordura,
pero sobretodo curad.
Tanto sois para mí, que os lo dejo en fianza
porque sin vosotros solamente
sería el músculo que me ayuda a vivir,
(solamente)
pero no el que me da la vida,
es simple, diferente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario