''Cierra los ojos, dame tu mano, cariño.
¿Sientes latir mi corazón?
¿Lo entiendes?
¿Sientes lo mismo?
¿O solamente estoy soñando...?''
-¡Qué suerte hemos tenido!¿Con quién has estado toda la noche, cariño?¡Seguro que encima era guapo!¡Aaay, ay, ay...!
¿Y cómo le decía yo ahora a mi madre que sí, que había estado con un hombre, que sí, que era muy, pero que muy guapo, pero que no tenía para nada, ninguna manera de sacarnos del apuro...?
-Verás, mamá...yo...Tengo algo que contarte.
Le dije que el único rico que se me había acercado me había tomado por furcia y qye había pasado la noche con...bueno, con Alex.
-Pero, cariño. ¿Sabes lo que eso significa? Significa que nos van a echar a la calle, que a tu padre lo van a ...¡oh no, por favor!
No podía soportar verla llorar. La verdad es que, aunque fuera mi padre, no me importaba que le mataran. Estaba haciendo lo que hacía por mi madre. Era una gran mujer, preciosa, trabajadora, de dinero y muy feliz, hasta que llegó mi padre, y la dejó embarazada. Desde entonces no la había vuelto a ver reír. Su padre nunca la había querido, se aprovechó de ella por su renta y jamás le había dado cariño. La cogía cuando quería y cuando no, llegaba tan borracho a casa que no sabía ni lo que hacía hasta que lo veía marcado en la piel de mi madre al día siguiente. Y ni se arrepentía el muy...
Hmmm, pan. Hacía mucho que no olía nada tan apetitoso. Había recolectado algunas monedas durante la marcha de la Piazza dei Carmi para darle sun mejor uso del que tenian planeado para ellas. Me compré una hogaza recién horneada y disfruté de ella. Me guardé como la mitad en mi bolsa por si no encontrara nada para el día siguiente. Mientras me la comia, no podía olvidar ni un instante de aquella mágica noche con la culpable de mi falta de oxígeno. Me empezaba a bajar la cantidad de aire en el cuerpo cuando pensaba en ella, y era a cada minuto. Pero como la viera no estaba seguro de qué haría...
Aquella noche no pude dormir. Mi padre chillaba como loco cuando mi madre le contó lo ocurrido con Alex. No sabía qué podría hacerle, y estaba completamente asustada. Mi madre rompió a llorar en la primera bofetada que recibió. Y yo sabía que sería una de esas noches que no quedaban en un simple guantazo.
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