''...y no tendré ninguna necesidad de dormir para soñar.
Nos frotaremos el uno contra el otro hasta chamuscarnos el esqueleto, y cuando el reloj de mi corazón dé las doce en punto, arderemos, sin necesidad de abrir los ojos.''
Huí. Huí de casa porque no podía soportar la realidad. No podía soportar que por mis hormonas me hubiera enamorado de Alex y no pudiera dejar de pensar en él, que encontrara su olor por cada esquina por la que andase, y que por ello mi madre hubiera recibido semejantes golpes de aquel hombre al que nunca volvería a llamar padre. Que fuera tan cobarde de salir corriendo dejando allí a mi madre, la única persona a la que le importaba en el horrible mundo. Porque mis hermanas huyeron igual, por él. Y de pequeña no lo entendía y decía a mi madre que nunca la abandonaría, pero por aquel entonces, no podía ver más allá de lo que me contaban. Y yo, en ese momento estaba haciendo, precisamente, eso. Abandonarla. Y dejé de correr. Me quedé pensando. Y me envalentoné y volví por donde había venido, para coger a mi madre y escaparme con ella.
-Vamos, mamá. Ssssssh, rápido.
-Hija...no puedo. Me matará. No,..no. No puedo.
-¡¡¡Vamos, joder!!! ¡No puedes quererle!
-No, es cierto, no puedo. Ya no. Pero le temo, más que a nada, Erica...más que a nada.
-¡Pues eso, mamá, ven conmigo!¡Iremos con Alex, que...él me quiere mamá! Y yo a él también.
-Vale, vale. Pero tenemos que darnos prisa, porque llegará del mercado en una hora más o menos.
Fui a dar una vuelta por el mercado, a ver si podía conseguir algo. Y además, otra de las razones por las que últimamente me obligaba a levantarme y a buscar comida, era ver a Erica. La necesitaba, la ansiaba, la anhelaba...la quería, la amaba. Soñaba con ella, me la imaginaba con otro y mis ojos se inundaban de lágrimas con verla pasear con cualquier otra mano entrelazada con la suya. Y sólo estuve una noche con ella. No me imaginaba lo que podría hacer en mí si estuviera más de una semana.
Cogí la mano de mi madre, insegura y temblorosa, y salimos de casa. Corríamos por las calles de nuestra Venecia asustadas, y yo, esperanzada de volver a ver al hombre que se colaba en mis sueños cada noche y al que seguramente había roto el corazón. ¿Y si ya no me quería por haberle plantado allí en medio de la calle tras nuestra noche de pasión? No, lo veía en el recuerdo de sus ojos, estaba completamente pillado.
No sé por qué, pero salí corriendo. Quería alejarme de todo y no pensar en nada. Y ¡PUM! Joder, vaya días de encontronazos. Pero no serían tan arrebatadoramente especiales.
-¡Mamá! Menudo golpe...¿estás bien? ¿Y tú qué? Madre mía, podrías mirar un poquito, gilip...¡¡¿Álex??!!
-Erica...
-¡Oh,Álex! (Dale un abrazo, tonta.)
-(Te dolerá, pero tienes que hacerlo.) No, Erica...quita.
-¿Qué?¿Por..por...por qué?
-Me abandonaste, te fuiste sin decirme nada. Me destrozaste el corazón y ¿ahora pretendes que te perdone sin más?
-Sí y lo siento. Mi madre y yo hemos huido de casa por el cabronazo de mi padre. Necesitamos tu ayuda...(Bésale, que no se resistirá.)
-Ejem. ¿No me presentas, querida?
-Muacks...Mmm...¡oh! Perdón mamá, jajaja. Este...este es Álex.
-¡Dame dos besos, hombre! Uy, pues sí que es guapo, sí, Tenías razón. Y no deberías haberte venido, aunque sino lo hubieras hecho puede que no estuviera aquí para conocerle...
-Lo siento Alex, de verdad. Te he echado tanto de menos...No podía dejar de pensar en ti.
-(Oh, venga ya, no te resistas.) Y yo, Erica...no sabes cuánto.
Nos fundimos en un larguísimo beso. Sentí su amargura, su pesar, su miedo en mi boca. Noté que se sentía segura a mi lado y fue lo mejor que había sentido en toda mi vida. Bueno, no. Lo mejor fue que mi corazón volvía a latir y mis pulmones se llenaban hasta su totalidad. Me sentía vivo, de nuevo. Junto a ella, con sus ojos, sus labios, sus brazos, su pelo, su sonrisa, sus piernas, su culo, sus senos, toda ella en general estaba conmigo. Y noté que sería para siempre.
Y aunque cerramos los ojos, ambos nos veíamos perfectamente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario