Qué sabio cuando se acelera porque le gusta algo, quiere algo, ama algo. Qué sabio cuando sonríe porque se siente bonito, se siente querido, se siente importante. Qué sabio cuando se derrite con una caricia, con un beso, con un abrazo. Qué sabio cuando sabe diferenciar al emisor de todo ello y taquicardiza o no. Qué sabio aunque no sepa fingir.
Qué tonto cuando se acelera porque le gustaba algo, quería algo, amaba algo. Qué tonto cuando llora porque se sentía bonito, se sentía querido, se sentía importante. Qué tonto cuando se derrite con el recuerdo de una caricia, de un beso, de un abrazo. Qué tonto cuando sabe diferenciar al emisor de todo aquello y taquicardiza porque sabe que ya no. Qué tonto porque no sabe fingir.
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