Hay cosas en la vida que los estereotipos y los tópicos tienden a hacerte pensar, aunque no quieras.
Todo lo que la gente dice sobre las cosas te condiciona de una manera brutal y supongo que toda la Historia lleva siendo así.
Tú llevas toda la vida deseando que ocurra algo y cuando llega el momento, no sientes lo que te contaban. Vaya. ¿Y eso por qué?
Pues voy a decir algo: porque cada persona es un mundo. Porque nadie puede contarte qué se siente cuando te dan tu primer beso o cuando miras a alguien dormir a tu lado. O cuando te sale bien tu primera tortilla de patata, vamos a ver (con cebolla, obvio). Sin salirme del tema, quiero decir, ¿por qué nos empeñamos en preocuparnos porque las cosas no salen como las expectativas las habían creado? No todos sentimos igual y no por eso queremos menos o más.
Un beso no se siente cuando lo das. Se siente cuando no lo puedes sentir. Es difícil de explicar, pero un beso no es más que eso. Un beso. Lo que importa de los besos es que la persona que te los da haga que su ausencia sea insoportable. O no, quizá a ti no te resulta insoportable, pero te gusta. Te gustan mucho porque son parte de otro lenguaje. Cuando faltan palabras, cuando sobran palabras, cuando el beso es la respuesta...
No sé.
Igual que querer a alguien. No tienes mariposas cada minuto de cada hora de cada día. No. Ni siquiera las tienes cuando estás toda la tarde con él. Pero las tienes cuando estás tumbada al sol, relajada, sin complejos, con confianza. Cuando estás tan a gusto que no piensas, solo respiras. Cuando miras por el rabillo del ojo a ver qué está haciendo tu almohada y te está mirando, te está mirando con dulzura. Ahí aparece una bandada alucinante de mariposas. Y cuando te quedas en tu casa se han ido. Sí. Pero sabes que seguirán acompañando mil momentos y eso es lo que hace a la otra persona especial.
Siento romper los esquemas de alguien (los míos propios) y decir que el amor no es ser absolutamente dependiente de alguien, 24 horas al día. No. El amor para mí es tener la misma vida que tenía estando soltera, siendo feliz, estando a gusto, con mis amigos, con mi familia, con mi música, con mi enfermería... y que a mi lado esté Pablo. Y que eso sume a mi vida un plus de felicidad. Un plus de comprensión a los porqués inexplicables. No es absolutamente necesario en mi vida, no, eso lo sé. Pero lo que de verdad me importa es lo bien que me hace sentir cuando le tengo al lado, cuando le escucho hablar o cuando le veo sonreír. Y yo quiero tenerle ahí. No le necesito, pero le quiero. Y eso me parece muchísimo más importante.
Que es un complemento a mi felicidad y no una pieza indispensable para tenerla. Quizá no sepa explicarme y parezca menos de lo que siento. Pero sé lo que siento y sé que quiero que esto siga estando todo el tiempo que exista.
Cierto es que llevo desde pequeña ''encaprichándome'' de chicos, los conocía y había un momento de taquicardia y ya pensaba que me gustaban... pero era capaz de soportar que no me dijeran nada porque en realidad, sería la idea que tenía de lo que podría ser más que lo que realmente me gustaran.
¿Por qué digo esto? Porque me releo, sé lo que sentía y lo intensa que puedo llegar a ser. Que puedo imaginarme mi vida con alguien que me ha hablado dos días e ilusionarme como si estuviera en Egipto por primera vez.
¿Y por qué pienso ahora en esto? Porque con el chico que me gusta de verdad (lo sé porque me apetece conocer todo de él, no se me pasan las ganas de seguir sabiendo de él. por eso lo sé),bueno, pues que con él eso no me ocurrió. Ya le conocía y sí, me parecía guapo. Pero ya está. No tenía mariposas, ni nada. A partir de nochevieja empezamos a hablar todos los días y empecé a descubrir a una persona interesante...
Andábamos y me sentía muy a gusto con él, me gustaba cómo pensaba y las cosas que le pasaban y le habían pasado. Me gustaba su voz y oírla al contarlas. Me gustó romper las ideas que tenía de él, de chico serio e introvertido. Y sin comerlo ni beberlo un día escuché una canción y me acordé de él. Me vino a la mente, así, puf. Nada más. Pero ahí entró. Y el hecho de escuchar esa canción y que me viniera su imagen a la cabeza ya me hizo sentir rara. Rara en el buen sentido, en el sentido de ''diferente a lo que suelo sentir''. No era amor, ni mucho menos. Y gustarme... pues tampoco le conocía tanto. Pero... ahí estaba eso. ¿Por qué no estaba ya bobísima perdida o todo el día pensando en él? Las pelis que tanto me gustan me habían hecho mucho daño.
Una noche por whatsapp también cambió todo. Como que las palabras no eran sólo palabras, iba todo mucho más allá. Había una serie de indirectas por detrás que bien podrían ser fruto de la ilusión de creer en que lo bonito fuera real. Y 'This' de Ed Sheeran fue mi respuesta final.
Al día siguiente quedamos y media hora antes me pasó lo que no me había pasado hasta entonces: estaba nerviosa. Muy nerviosa. Atacada. No podía tragar, me temblaba todo... ¿Qué había cambiado?
Cuando salí de casa y estaba lloviendo, lo único que pensaba era en llegar a la esquina, ni volver a por un paraguas ni ponerme la capucha ni nada. Le vi y yo estaba... no sabría explicarlo. Estaba pero no.
Y echamos a andar como cualquier otro día de nuestros paseos.
Pero es que había algo distinto. Y no como en las pelis, que todo está claro y todo es precioso. No, era una presión brutal en el pecho y no dejar que hubiera silencios incómodos que me dejaran hacer el ridículo. A una media hora del final, me pasó el brazo por encima. Mira que en nochevieja ya había pasado y ahora también lo hace pero... ese momento me hizo que me faltara el aire. No sabía qué hacer, qué decir... nada. Y ya íbamos a mi casa y la frase 'pasar 5 minutos de vergüenza compensa si la recompensa merece la pena' me dejó boba, porque me giré y ya no había más que él.
Algo así. Y repito que un beso no es más que dos bocas juntas, pero ese día los besos fueron las ganas contenidas y 'un sí que no acaba nunca'.
Y llegué a casa y estuve pensando...
El resto de días tenían mariposas antes de que apareciera con su sonrisa y su abrigo azul.
Luego esas mariposas también se fueron, pero... tengo una teoría para explicarme esto a mí misma y no permitirme olvidar que esto que me está pasando es una suerte inmensa.
Mis amigas me han contado que los chicos se enamoran antes que nosotras, que sienten más rápido y a veces nos asustamos por si en realidad no sentimos lo que creemos sentir o no les correspondemos. Pero yo me conozco. Sé lo que siento y que cada día va a más. Y que no sé explicarlo, pero yo quiero que todo vaya in crescendo dentro de mí, que mi corazón vaya creciendo con cada sonrisa que me regala. Porque un chico como él es lo que es. Un regalo.
Mi teoría de las mariposas es que ya han dejado su huella. Las mariposas surgen con cada momento nuevo, con cada momento inesperado (o no), cuando les place y dejan su huella y ya no se vuelven a repetir aunque se repita el momento... pero han dejado su huella y eso es lo que hace que estés cómoda, tranquila, feliz... como en el sitio indicado en el momento indicado.
No sé, es que no sé por qué trato de explicar que creo que no siento lo que debo sentir cuando en realidad estoy sintiendo tanto que no puedo abarcarlo... es que es tan difícil sentirlo...y es tan bonito...
Y no quiero que se acabe nunca.
Pero...¿sabes qué? Pablo es como la canción que encaja exacta en un momento determinado, esa que escuchas normalmente y no pasa nada pero sin saber por qué... ese día, te acelera el corazón. Y la escuchas entera. Y descubres cosas que no habías oído. Y te vuelve a gustar como el día que la escuchaste por primera vez. Y tienes ganas de oírla hasta agotarla.
Es que quizá no sé explicar por qué... pero Pablo para mí es como música.
Es cierto que puedo no escucharla y no me pasa nada. Me falta algo pero puedo sobrevivir.
Pero... mi vida es infinitamente mejor con ella.
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