viernes, 6 de junio de 2014

Desahogos.

¿Qué hacer cuando un día está todo fabuloso y al día siguiente parece que el mundo conspira contra todo lo que has construido? No es que ese día me levantara pesimista y lo viera todo desde un particular y deprimente punto de vista. No. Tiendo a considerarme una persona optimista que ve antes lo bueno que lo menos bueno. Digamos que incluso hay veces que me adelanto y me creo una expectativas erróneas sobre la gente que tienden a decepcionarme (muy a menudo, últimamente). Y lo peor de todo esto es que no puedo echárselo en cara a nadie porque la culpa de todo recae en mí. En esta cabecita imaginativa y desquiciante que me ha sido otorgada, que ni calla cuando estoy en silencio y me abruma a casa comentario, a cada detalle, a cada beso ajeno a mi piel o  a cada interés sin afecto que siento.
Tampoco es que le agrade verse rodeada de persona que considerándolas amigas, lleven tiempo planteándose cómo decirte lo mal que estás haciendo las cosas como colega. Eso duele en lo más profundo. La impotencia de tener la culpa de cosas que ni siquiera entiendo que he hecho. La impotencia de jamás acertar, la impotencia de no estar en el momento adecuado en el lugar adecuado. La persona siempre peude ser adecuada (menos yo).

Tampoco es que le esté viniendo bien a mi pobre y debilucha autoestima el hecho de que una persona que algo tiene que me ha hecho quererla más de lo necesario (pero gracias a que haya sido también menos de lo que imagináis), que esta persona en cuestión, sea increíblemente simpática, atenta y graciosa con todo el mundo que conoce excepto conmigo, con quien apenas dirige cuatro palabras en comparación con los detalles que puedo llegar a contaros sobre él. Ha llegado incluso el punto de que ni siento celos (esa amarga gilipollez de la que hemos sido dotados: celos de lo que no es ni mínimamente tuyo), ni celos porque sus labios besen otro labios mucho más bonitos y colocados en un cuerpo más genéticamente atractivo. En fin.
Volviendo a la persona anterior a esta. ¿Cómo puede alguien hacerte creer que es tan amigo tuyo cuando en realidad está esperando el momento perfecto (porque antes podría distraerte de tus estudios y que suspendas...en fin) para soltarte todo lo que te echa en cara, que es tu culpa que no tengáis la relación que ese amigo esperaba? Lo siento mucho, pero estas cosas son superiores a mí.

Luego ya soy yo solita la que me hundo, viendo dos veces a una persona e imaginándome cómo será fuera del ámbito en que le ''conozco''. Sé quién es, cómo se llama y que le gusta rapear. Claro, llega el día dela despedida y Sandra pretende una película de Hugh Grant y aparece un documental de la 2. La cruda realidad, vaya.
Supongo que el problema de todo esto radica en las enormes expectativas que le doy a la gente cuando la conozco. O que yo no me veo tan fea cuando me levanto.

Pero no todo es malo.
Es cierto y pongo en el fuego la mano por varias personas que hacen de mis días algo mágico. Me dan als ganas de vivir. (Y sí, pongo la mano en el fuego. Confío y reconfío)


A todos esos, gracias.

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