martes, 30 de abril de 2013

Podría dejarlo... pero no quiero.

Todo empezó con un ''hasta luego''.

Llevábamos como dos meses de universidad. Llegamos de nuevas, a una clase repleta de gente que hasta hace nada, había algunas personas que no había visto jamás. Seremos casi cien.
Pues yo volvía cada día en metro hasta Oporto, como continúo haciendo. Conocí a Estefanía, y como era de Alcázar de San Juan, la coincidencia ya me incitó a hablar con ella. Primeros contactos.
Pero cuando ella bajaba, y me quedaba sola, hubo tres días, tres, en que me fijé que había un chico delgadito que me sonaba de haberle visto por la mañana en alguna fila del apiñado aula.
Me sentía incómoda, quería decirte algo, parecías tan increíblemente tímido...con tus cascos, mirando a un punto fijo, o apoyando la cabeza y cerrando los ojos, descansando tus ojeras malva por un momento. ¿Qué estarías pensando? La letra de la canción, seguramente.
Al tercer día, me envalentoné y lo hice. Estabas sentado enfrente de mí, un viaje de esos en los que sabes perfectamente dónde quieres mirar... pero no lo haces. Sentía curiosidad por ti.
Me levanté en Oporto, mi parada, y vi que alzabas la vista de tu móvil. Me dirigí a la puerta más cercana a ti y solté un sencillo ''hasta luego'' y una sonrisa. Te echaste los cascos hacia atrás, dejando libre una oreja para escuchar mi voz de pito, pusiste cara de sorprendido y dijiste ''adiós''.

Desde ese día tienes algo. Un algo especial que me vuelve loca porque te conozco por dentro... pero por pantalla. Cada noche es tal la calidez que me transmites...que todo queda en nada cuando llegan las frías palabras del día siguiente, cuando nos cruzamos.

¿Es posible que cuando me hables por las noches te imagines a otra chica y al verme no te guste que sea yo la que anoche te escuchaba? Me reconcome por dentro qué puede ser.
Quizá sea que eres tan solo tímido. Callado. Serio.
O puede que sea solo conmigo, que no te caiga bien en físico.
O que necesites un diario y hayas visto una oportunidad en esta chica entusiasta a la cual se le paró el corazón el día que estuvo toda una tarde pendiente del móvil para recibir un mensaje tuyo sobre el pedacito de alma que te había entregado a lápiz y papel... y lloré, y sufrí, y me consolé con mis amigas. Me dormí con el corazón roto en mil pedazos, avergonzada, humillada incluso, llevando al extremo, como siempre, cada una de las emociones que pude sentir en aquellas horas de la tarde invernal.
No sabes lo roja que se tiñó mi sangre al despertar y descubrir la poesía más ''inefable'' que he leído jamás.
Fui completamente feliz a clase.
Quise abrazarte, a pesar de que jamás nos hemos tocado más que el beso de despedida.
Llegué a clase, te ví, te puse mi mejor sonrisa... y no fue correspondida. Estabas serio. Me apoyé en tu hombro... ni me miraste, continuaste hablando con quien fuera y me fui como quien recibe un disparo, pero no sangra.
Al tiempo descubrí que estabas decaído porque habías perdido dinero, pero... aún así...

Yo quiero sentarme  un rato en el césped al sol y hablar como con la luna. Sin tapujos, sin tonterías...¿Qué ocurre? No lo entiendo. Quisiera, pero no me entra en la cabeza.

Y como este es un rincón un poco secreto, bastante, MUY... pues me sirve para saber que no lo leerás y no la cagaré de nuevo como cada vez que un chico se entera de que me resulta interesante. Que me gusta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario