domingo, 20 de mayo de 2012
Tanta cordura nos ha dejado locos.
¿Qué tendrán, que una vez que los pruebas, los ansías incluso más que cuando los desconocías?
Han sido la firma de un sentimiento desde que el ser humano comenzó a ser humano, desde que el mundo es mundo para nosotros, los mortales. ¿Creerán los dioses también en algo superior? ¿O son, como tantas personas, sumamente individualistas y que creen que poseen toda la razón, toda la verdad, toda la belleza, toda perfección?
Querría besar cada día. Querría que alguien viera lo que sería capaz de compartir. Querría que todos mis besos chocasen con un sonrisa, y aunque no almohadillado por los labios, sí por un iluminado "muack".
Ojalá no hubiera vergüenza o temor a la hora de hablar con cualquier persona. Es algo que nos define, y nada debería impedìrnoslo, ni siquiera el miedo al rechazo o a la no correspondencia. Se puede entablar una agradable conversación con cualquiera, siempre que ambos estén por la labor. Que nos rechacen un beso, puede doler, pero que nos rechacen la palabra...es algo que puede matar. Que alguien no quiera ni siquiera hablar con nosotros, puede provocarnos una idea errónea de "no me quiere ni como persona". Y todo el mundo necesita ser querido, al menos, como lo que todos somos. Aunque algunos más que otros.
Hay veces que soñamos cosas tan bonitas que reblandecerían el corazón de los más incrédulos, podríamos incluso sacar una sonrisa a alguien realmente "rancio" con tan solo decirle "he soñado que te conocía sentados en la hierba frente a un lago en otoño y que me contabas tu vida y me enamoraba de ti...sin siquiera verte." Y después, mirarle y ver que, además, tiene una cara digna de ser esculpida por artistas grecolatinos. Aunque suene cursi, la moraleja está en que lo bonito no tiene por qué ser lo estipulado, si no cómo, por razones inefables, una persona que te dice "me gustan las uvas con queso", (sea inmensamente gordo, o extremadamente delgado, tenga o no pelo, y un largo etcétera de superficialidades), te haga sentir una ligera pero agradable presión en el flanco izquierdo del pecho, que otra persona cualquier con un "vaya par de ojos, princesa" no consigue ni entusiasmarte.
"Quizá el mundo iría mejor si contásemos nuestros sueños (eróticos o no) a los que han sido protagonistas de ellos"
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