sábado, 10 de septiembre de 2011

Son las 3 y media de la madrugada de un viernes.

-Es rarísimo latir un corazón de amor sin dueño.

Se empiezan a consideran millones de posibilidades, de posibles candidatos que optan a su propiedad, pero ninguno es ''el dueño''. El que debe acariciarlo o, como lleva ocurriendo, destrozarlo poco a poco a pellizcos sin compasión.
A partir de letras de canciones, de sonatas, de peroratas y sermones, de sonrisas impecables, de manos, caricias. De miradas furtivas cazando lo inimaginable.

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