Al mundo no le importamos ni tú ni nadie.
¿Por qué pienso que una fuerza milagrosa me ayudará y cumplirá mis objetivos para el futuro?
¿Quién me garantiza que en el futuro habré ido alguna vez más a Londres, tendré piso propio o novio?
¿Quién me dice siquiera si voy a tener hijos?
¿O que voy a seguir queriendo a todos los que quiero como ahora?
Si tendré de veras un gato o me raparé el pelo.
Si me pondré a beber y a fumar como una descosida para calmar mis penas.
Si seré presidenta del gobierno y me dirán "Romero dimisión".
O si me volveré anoréxica.
O si aprenderé a hacer la cama sin arrugas.
Que alguien me diga si no me empezarán a gustar las mujeres o si me haré bisexual.
O si tocaré bien la guitarra.
Quién me dice que habré hecho una carrera que me guste o por lo menos, que me haga feliz.
Espero que alguien me diga que los sentimientos no cambian.
Para mal, me refiero.
Porque doler, duele, sí. Pero es lo que hay.
¿Quién me dice si seguiré siendo tan estúpida o tan pegajosa o tan romántica?
Si alguien lo sabe, me podría decir si veré algún concierto de U2.
Si estaré en los garitos viendo a mis amigos cumplir un sueño.
Si dejaré algún maldito día de soñar despierta y de hablar sola continuamente.
Y por favor:
¿Alguien me podría decir si alguna vez podré cantar bien una canción?
Pídeme el futuro, venga, que me tengo que lavar las manos.
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