martes, 17 de agosto de 2010

Inoportuno.

''Ayer soñé que tenía el iris rojo y la gente me decía que vaya ojos más raros.''

Esa noche era Carnaval. La plaza San Marcos, iluminada pobremente con las lámparas de aceite estaría repleta de gente con traje maravillosos y máscaras. Era 18 de Febrero de 1643.

Erica estaba de los nervios, aquella sería su primera noche de fiesta sin sus padres, en busca de marido. La cosa estaba muy mal en la familia y necesitaba enamorar a un adinerado, aristócrata y, si era posible, apuesto caballero que la pidiera en matrimonio. Era una chica muy simpática, con ojos grandes y de color chocolate, labios carnosos y nariz prominente. No creía que lo tuviera muy difícil, siempre le habían dicho que era la belleza de la casa y sus hermanas no era unos monstruos, precisamente.
Para esta ocasión especial había elegido un vestido burdeos con un corsé más oscuro, que pudiera elevar sus pechos quinceañeros. La máscara,blanca y dorada, como de ricachona, le había costado demasiado, pero necesitaba ese compromiso, y las máscaras es lo único con lo que se
podía coquetear. Aparte de sus senos, claro.

Eran las 5 de la tarde y la plaza comenzaba a abarrotarse. La verdad es que Erica iba preciosa. Sus padres la acompañaron hasta la puerta del campanile. Un instante después, estaba sola. No sabía qué hacer, todo el mundo reía, bailaba, besaba, tocaba... menos ella.
De pronto vio su engalanado vestido por el suelo, tras el empujón que se había llevado. Tenía a un joven muy apuesto, vestido con harapos, encima suya.
-¡¡ Quita de encima!!
-Discúlpme señorita, no prentedía herirla.
-(¿Me ha dicho señorita?)No...no te preocupes.
-Es que me han echado a patadas del campanile porque no tengo un traje de millonario. ¿No puedo disfrutar de la fiesta porque no voy como un pincel? ¡Pues vaya!
Y entonces vio sus ojos. Unos preciosos ojos enormes verdes que la miraban fijamente. Con una extraña ...
-¿Seguro que está usted bien?
-(¿Pero qué...?¡Por dios, no puede ser!...) Sss...sí...sí. Grrr...gracias.
-Bueno me voy, encantado de haber hablado con usted...em...¿?
-Erica.
-Erica. Alex. ¿me permite una cosa?
-Claro.
Le levantó un poco la máscara, lo suficiente para poder besarla y se marchó corriendo.
-Alex.
Fue su primer beso. Y maldijo a quien estuviera allí arriba, que tuviera que ocurrir cuando su padre tenía una espada en la garganta a punto de descabellarle por no tener dinero para pagar al gobernador. Lo maldijo hasta la saciedad.


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