Hoy, tras salir de abrirme y cuestionarme como cada martes desde casi hace año y medio ya, en la parada del autobús, recién perdido el mío, había una señora. Rondaría los 70, más o menos. Y tras una breve cortesía, hemos estado hablando. Su vida, la mía, dolores, sonrisas... ha sido tan especial, no conocer absolutamente de nada a esa desconocida y hablar con ella tan natural, tan espontáneamente, sin siquiera saber su nombre...
Ha sido especial. Me encantan esas casualidades, me encanta esa cercanía de poder hablar por el simple hecho de ser humanos.
Al levantarme, me he despedido y desde dentro del bus con la mano arriba y al ver la enorme carcajada y la sonrisa que me ha dedicado esa mujer...
He hecho el día.
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