sábado, 13 de diciembre de 2014

Sh.

Esas ganas de dejar la huella de mi piel en otra para que mi presión pase hasta lo profundo y lo traduzca como caricia. El cuerpo está tan preparado para esto que tiene distintos receptores en la piel, y unos específicos para las caricias. Para el tacto suave.
¿No es bonito pensar que ya estamos configurados para la ternura?
Además, ¿qué es acariciar? Pasar los dedos por la piel de alguien. ¿Y? Hay algo más. Porque ese gesto puede ser frío y no significar nada.
Un amigo triste lleva a la irrefrenable necesidad de ponerle la mano en la cabeza y acariciarle. Despacio, como queriendo sacudir con cuidado los restos de esa idea fría para hacerla desaparecer con la fricción.
Estar callada, mirando el brazo de alguien y pasarle el dedo, lentamente. Pasitos, plic, plic, plic.
Construir con la yema de los dedos un laberinto único en la piel del otro de manera que no puedas salir nunca y te quedes allí a (sobre)vivir.

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