viernes, 4 de julio de 2014

Hasta siempre.

Cómo algo tan pequeño pudo hacerme tan feliz durante casi 6 años. Cómo una cosita tan fuerte, tan suavecita puede haberse ido sin despedirse, tan rápido y sin esperarse a darme un beso siquiera. 
Era diminuto pero tenía la capacidad de llenar todo el día si estabas triste y de alegrarlo aún más si estabas bien. Comer fruta implicaba guardar un trocito para el bichito. Ya no podré comer pipas y quedarme tan tranquila, sin pensar por un momento en que había alguien que me superaba en destreza y velocidad. Que me quería sin juzgarme, era amor incondicional. Me mordía porque le hacía de rabiar y a la mínima ya estaba cogiéndome el dedo con esas minipatas perfectas con deditos 
y lamiéndome a besitos con su pequeña lengua rosita.
Una personita que me quería guapa, fea, triste, contenta, con el pelo perfecto o recién levantada. Con unos kilitos de más, cantando, llorando, estudiando, durmiendo...
Ya nadie me va a dejar tesoros escondidos bajo los peluches, ni va a dormirse acurrucado entre las arrugas de mi pijama ni en mi capucha mientras no soy capaz de memorizar temas de la carrera. Nadie va a beberse el agüita del tarrito que tengo para humedecer la habitación ni va a ponerme nerviosísima si no oigo sus patitas recorriendo la cama por todos sus rincones y recovecos.
A nadie le quedará jamás bien llenarse los mofletes con cuatro avellanas. Nadie será tan pequeño y tan enorme para mí.
¿Quién se va a subir por mi pierna con las uñitas para girarse por la ropa y avanzar por mi piel con ese pelaje calentito y tu corazón de colibrí, a mil por hora?
¿Quién le va a sacear sonrisas a mi hermano, a mi madre, a mi padre, a pesar del miedo que te tenía?
Quién va a ser tan increíblemente guay y especial...
Mi pequeño Trinti. Mi monín, mi bichito. Mi ratita con pelo, mi chico fuerte, mi gordito, mi ardillo precioso.
Jamás podré olvidarte. El amor es imposible de borrar del corazón y tú te hiciste una casita con tu algodón y tus virutitas que nadie podrá ocupar.

Quizás alguien piense que soy exagerada. Pero nadie te ha tenido temblando entre sus brazos porque tenías miedo y ha conseguido acompasar tu respiración con la mía para sentirme tu heroína.
Pero en realidad desde que llegaste a casa, la vida me la salvaste tú.

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