miércoles, 22 de agosto de 2018

Pum, pum.
Pum, pum.
Es cierto que el latir del corazón es algo automatizado, existe una pulsación eléctrica que marca el ritmo. Marca el paso. 
Abismal, es abrumador pensar que vivimos gracias a la electricidad que producen ciertas células de nuestro cuerpo, que no dejar de ser entes individuales que una vez, hace mucho tiempo, decidieron juntarse para ser increíbles y formar un corazón.
Toda la vida se ha preguntado la gente que dónde está el alma.
Que dónde está lo que sufre un pinchazo a nivel cardíaco cuando algo nos duele, nos decepciona, nos preocupa o nos emociona.
Dónde está eso que te hace querer bailar cuando escuchas a Ricky Martin o cuando ves a alguien que te gusta y te sonríe.
Dónde está esa chispa extra, dónde está eso que tenemos que cuidar tanto... dónde estamos.
No somos simplemente órganos engranados a la perfección infinitesimal, de eso somos todos conscientes. ¿Por qué sufrimos? ¿Qué es sufrir, a nivel orgánico, cuando el dolor no es físico?
¿Qué es lo que activa los agentes causantes de la presión en el pecho o las lágrimas de incomprensión? ¿Por qué algo que no provoca lesión, duele?
Me gustaría entender por qué nos duelen las personas y me encanta no entender algo tan maravilloso, porque aunque negativo, ¿no es fascinante la capacidad que hemos desarrollado, después de millones de años de evolución, de sentir a los demás en nuestro ser?
Somos capaces de amar, odiar, sufrir, enfadarnos, ser compasivos... por lo que los demás nos dan o dejan de dar.

...¿no es maravilloso?

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