sábado, 5 de marzo de 2016

UCI y de trauma y emergencias

De 2 de febrero a 4 de marzo de 2016. Ese ha sido el tiempo que he pasado en esta unidad.
Y en este mes he sentido tantas cosas que necesito describirlas (o al menos intentarlo).
Al llegar, lo primero que pensé fue: qué pequeña. 8 camas, qué poquitas. Ay... y 7 o 6 enfermeras cada día. Hasta que no empieza la acción no comprendes el por qué. 3 auxiliares, 6 enfermeras y todos los médicos ahí junticos, como 8 o 9. Una enfermera por paciente, quizá alguna doble.
Y toda la mañana atareadas... se acaba por perder un poco la perspectiva de la enorme carga que requiere un paciente crítico porque te acostumbras. Pero es estar pendiente constantemente, preguntarte qué le pasa, por qué le pasa, qué hay que hacer y cómo resolverlo lo antes posible.
También hay momentos muy duros, como cuando se decide limitar el esfuerzo terapéutico, digámoslo en cristiano: el pronóstico del paciente es tal que se decide dejar al curso del tiempo y que llegue su hora cuanto antes. Eso... eso es muy duro. Es hacer de dioses por unas horas, impotentes ante el desenlace cercano e inevitable.
Pero gran parte de los casos que he tenido la suerte de ver son pacientes que tienes que esperar 15 días para conocer su voz, o incluso más, pacientes que quizá nunca veas abrir los ojos, pacientes que quizá no puedes conocer más allá del cuidado físico, pacientes por los que sufres al ver a su familia. Puedes leerte la historia clínica y ver por qué causa llegaron hasta allí (la mayoría atroces) pero... nunca podrás juzgar ni saber a ciencia cierta qué les ha llevado hasta esa situación. Pacientes que cuidas sin recibir nada a cambio más que la satisfacción personal de verles evolucionar a mejor. Y eso es indescriptible.
Hay momentos que te tocan la fibra por dentro, momentos de injusticia del destino, que no sabes por qué la vida se ceba tanto con una persona y por qué otras siguen vivas en este mundo. Por dentro lloras de impotencia, por fuera pones tu mejor sonrisa para consolar.
''Si puedes curar, cura. Si no puedes curar, alivia. Y si no puedes aliviar... consuela.''
Esa frase es perfecta para describir la enfermería.

No me salen muchas más palabras... muchas veces me he considerado algo ''insensible'' porque al ver un ingreso de un paciente politraumatizado, en lugar de pensar en la persona me he ido a lo médico y en qué le ocurre, qué caso más fascinante y qué suerte la mía de estar allí para verlo. Me he llegado a sentir fatal, la verdad...
Pero... en realidad es mi trabajo. Es mi forma de ver ese tipo de situaciones.

Luego me estremezco porque al despedirme de mi paciente, me da las gracias por haber sido buena con él, le deseo toda la suerte del mundo, le reconozco lo luchador que ha sido... y nos quedamos sin palabras. Tan sólo mirándonos nos emocionamos porque sabemos que hay mucho detrás pero que es inefable...

Y ahí es el punto en el que comprendes que quieres hacer sentir campeona a cualquier persona que lo necesite. Ese punto a mí, y por ello estoy orgullosa y agradecida, me ha llegado.

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