Ese es el por qué de la existencia de la palabra 'inefable'. Desde que en filosofía aprendí su significado, -aquello que no puede expresarse mediante palabras-, se me quedó grabado a fuego dentro. Como un resorte que hiciera 'clic' y encajara.
Había una palabra para expresar aquello que no se podía expresar con palabras. Mágico.
Esos momentos en los que te sientes triste de repente, sin venir a cuento, te sientes triste porque sí, comienzas a plantearte tu existencia, el porqué de todas las decisiones que has tomado y las que no te has atrevido a tomar para buscarle sentido a esa desesperación repentina. El llamado 'bajón inexplicable'... La tristeza inefable del alma.
Cómo sabemos que ese gesto no es una llamada de una vida anterior que nos indica un mal camino, que esto ya lo ha vivido nuestro yo pasado y que estamos volviendo a actuar de una forma que nos precipita al más vivo desastre...
O puede que tan sólo sea la forma del cuerpo de decir que es agotador estar pendiente de cada detalle con el fin de mantener despierta la fábrica de endorfinas de nuestro cerebro y que necesita un ratito de descanso, un parón de la realidad de color de rosa y nos devuelve al gris del presente, con matices rosa pálido que en esos momentos nos pasan completamente desapercibidos.
Esas cosas que te abren el pecho, que te hacen una herida desde dentro sin dolor pero con la fuerza y la sensación de que algo ocurre bajo la piel. Esa canción que te atrapa y no puedes dejar de escuchar, esa página de ese libro inmensamente aburrido que pasa a convertirse en tu favorito por un sólo párrafo, ese viaje que se te graba a fuego en la retina, esa película que hace que te identifiques más de la cuenta con la historia que representa o la lágrima de la actriz en el escenario que es imperceptible a los ojos de la fila 10 pero que te llega porque lo notas, porque tú estás subido allí arriba destrozándote la dignidad contra una pared de indiferencia. Esos 'no sé por qué's que marcan la diferencia entre lo que te gusta y lo que adoras, que nada tiene que ver con la calidad o el valor, si no con la conexión que te provoca... La pasión inefable del alma.
Esa persona que no conoces de nada más que de cinco, seis veces que la has visto. Un ratito en un transporte público o una noche en un paseo. Un encontronazo en un café o una fiesta entre amigos comunes. Esa persona que tiene mil cosas que criticas y que no soportas, que es contraria completamente a tu ideal, esa persona que te desajusta los planes de repente, que se adentra en tu vida con una mirada o una sonrisa, una caída de ojos sutil, una química que quizás (y lo más probable) solo la sientas tú, pero que te vale por dos. Esa persona que aunque no muestre ningún interés en ti, estarías dispuesto a pasar medio día entero mirándola y preguntando sin parar sobre su interior, no sobre su vida, porque notas algo, un fluir entre las huellas dactilares que te obligan a querer tocarle el pelo y callarte durante horas. Esa persona que hace que no entiendas cómo alguien que encaja a la perfección en lo que sería ''tu molde de pareja'' no sea quien acelera tu pulso y tu emoción y precisamente esa persona, que nada tiene que ver contigo, te haya hecho suspirar veinte veces seguidas... El enamoramiento inefable del alma.
Esas cosas que te explican y piensas que jamás serías capaz de hacer, pero que cuando las sientes son las emociones más extremas del universo. Esto lo voy a explicar en un sentido personal. En mi carrera, este año en concreto, estoy dando de forma explícita el embarazo. Si tú realmente te pusieras a pensar en todo lo que conlleva que una mujer se quede embarazada, pasando por el sexo (que anatómica y biológicamente es algo que, igual, si te paras a pensarlo, es un poco asqueroso), pasando por los días de incertidumbre, las náuseas, los vómitos, los cambios de humor, las hormonas, las estrías, el dolor, el peso, el insomnio, el cansancio, la disnea, la deformación del cuerpo... el parto. Destrozar una parte de ti, que te estiren, te corten, te arranquen... todo eso es para lo que estamos hechas. Pero... notar a alguien caminando contigo para hacer la cosa más inefable de todas: la perfección. La perfección de un ser humano, tanto biológica como psicológica, como socialmente. Esa incertidumbre que sentirán las mujeres expectantes de un positivo en un test de embarazo. Nueve meses de cambios asombrosos, ese primer movimiento en tu interior, ser capaz de soportar un grado de dolor muy superior a lo que un ser humano está preparado, una adrenalina sobrehumana para proteger a ... vida. La vida. Yo quiero sin lugar a dudas, ser capaz de lo imposible. Ser capaz... de esto.
La existencia inefable de la vida.
Todas estas cosas me hacen llorar, me hacen sufrir de impotencia ante la imposibilidad de alcanzar a comprender una mínima parte de todo. El universo, el tiempo, el destino, la perfección de la naturaleza, el orden lógico y asombroso de todo...
pero me hacen tener unas ganas inmensas de vivir para poder buscar la forma de sentir todo esto y que nadie tenga que explicármelas porque sé que no va a poder.
Porque para saber qué es que algo sea inefable, sólo puedes hacer una cosa: vivir y buscarlo. Y vivirlo. Y sentirlo al máximo.
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