sábado, 26 de noviembre de 2011

3. Reincidencias coincidentes.

Abrí rápidamente la puerta del vagón. Me enganché a la barra del medio y giré sobre mí misma, con los ojos cerrados. Me gustaba hacer eso, me sentía ligera al girar tan rápido y con la seguridad de no caer.
Mi agradable vuelta idílica se vio interrumpida por una sonrisa cuyo pecho bajaba y subía rápidamente.
-Em, perdona, pero creo que debería haberte preguntado tu nombre y tu canción favorita de esta mañana.
-¿Eh?
Era el chico con el que me acababa de chocar, el que iba embalado por la vida. Ese.
-Pppeperdona. No, no he dicho nada...no he dicho nada.
Se dirigía hacia la puerta para salir en Rubén Darío, pero algo dentro de mí me decía que ese día no tenía que ser normal. Ya había empezado diferente, ¿por qué no continuarlo?
-¡Espera! Espera, no te vayas. Sandra, me llamo Sandra. Y esta mañana mi canción favorita es Price Tag de Jessie J. No me digas por qué, se me habrá pegado de algún sitio, pero estoy tarareándola sin parar...y eso. Que no te vayas, por favor.
-Ja, ja, ja. ¿Sabes cuál es la mía? Dance with somebody de Mando Diao. Me la ha puesto a todo volumen mi vecino de arriba a las 4 de la mañana y no he dormido prácticamente nada. De aquí que fuera corriendo en el metro, iba a llegar tarde. Pero, lo he pensado en un instante de lucidez y me he dicho : Si no va a haber nadie en la oficina hoy, ¿por qué no continuar un día que ha empezado diferente, de una forma diferente? Y he seguido tus ojos.
-Oh, em...vaya. (¿Lector de mentes?¿Psicópata?, uf, déjate de casualidades).Oye, perdona, yo sí tengo que trabajar y llevo prisa...perdóname.
-Oh, eh, sí, sí, claro. Qué tonto, ja, ja. Em...sí. Sal, claro. Hasta luego. Y perdona. No tendría que hablar tanto.
-Tranquilo...no es nada. Hasta otra, em...?
La puerta estaba a punto de cerrarse.
-Nacho. Soy Nacho.- Y miró cabizbajo hacia su cartera tirada en el suelo.
Me quedé embobada mirándole hasta que se fue el tren, lleno de perpectivas ignoradas.
-Nacho... Soy definitivamente idiota.

Todo el camino a la tienda/oficina lo que fuera, solitaria, fue una dura e implacable discusión, como quien se cuestiona entre la vida y la muerte...aunque en mi caso, era entre el suicidio por gilipollez o la resignación por la misma razón.
-Un chico, con ese nombre, con esa pregunta de entrada y esos pelos no se vuelve a aparecer. Y claro, yo, lo dejo pasar. Vaya, lo de dejar pasar un tren no puede ser más literal.
Bffff. Refunfuñando cogí las llaves y abrí la puerta de la tienda. Lo llamaba oficina por no perder la costumbre de mis primeros años, una costumbre realmente tonta, la verdad, pero como excusa para arreglarme con traje. Pura psicología malgastada en locas como yo. Algún día volvería mi compañera Maika, que ahora estaba con su novio en Londres, que estaba terminando la carrera y le habían propuesto irse unos años allí y ella se había marchado unas semanas a quererle.
Así que estaba más sola que la una, en unos de mis barrios favoritos de Madrid y sin poder pasear por él, como en una cárcel de cuadros, fotografías, ropa y complementos.

Puse la radio y no conseguía encontrar una emisora en la que no saliera música de discoteca, que me estaba gustando mucho últimamente, pero no me apetecía en ese momento. Decidí porner el spotify y salió como sugerencias una canción que me derrumbó en la miseria.
La seleccioné y sonreí mientras la escuchaba como una tonta.

''I'm falling in love with your favourite song, I'm gonna sing it all night long.
I'm gonna dance with somebody, dance with somebody, dance, dance, dance...''


No hay comentarios:

Publicar un comentario